La lengua castellana está repleta de locuciones populares y giros lingüísticos con fuerte arraigo geográfico. Sin embargo, pocas frases han alcanzado el nivel de difusión, picardía y uso cotidiano como la célebre expresión «poner mirando pa' Cuenca». Aunque en el lenguaje coloquial contemporáneo se emplea en clave de humor y con connotaciones eróticas, su génesis se atribuye a una fascinante leyenda cortesana de la España bajomedieval y renacentista.
La tradición oral e histórica sitúa el origen de esta frase a comienzos del siglo XVI, durante el breve reinado de Felipe I de Castilla (apodado «el Hermoso») y su consorte, la reina Juana I de Castilla («la Loca»). Según recogen cronistas populares, el monarca consorte —famoso por sus constantes devaneos amorosos y su carácter mujeriego— buscaba discretos ardides para eludir los celos y la estricta vigilancia de la reina mientras residían en la corte toledana.
Con este propósito, el monarca ordenó acondicionar un torreón o mirador de observación astronómica y militar en lo alto de la ciudad imperial de Toledo. La excusa oficial para subir a la atalaya con diversas damas de la corte era puramente cartográfica y geográfica: «mostrarles la inmensidad del reino y la disposición de sus ciudades». Desde dicha torre, apuntando hacia el horizonte en dirección este-noreste, el rey señalaba la lejana posición de Cuenca, momento en el cual aprovechaba la posición corporal inclinada de sus acompañantes para consumar sus infidelidades.
El rumor de lo que realmente ocurría en la torre de observación toledana trascendió rápidamente los muros de palacio. Los soldados de la guardia y el servicio de la corte comenzaron a utilizar el eufemismo «subir al mirador a mirar pa' Cuenca» para describir los encuentros furtivos de don Felipe. Con el paso de los siglos, la expresión se transformó y democratizó en toda la península ibérica, quedando fijada para siempre en la cultura popular española.
Más allá de la leyenda picaresca, Cuenca es una joya patrimonial declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996. Su singular emplazamiento natural, tallado por las hoces de los ríos Júcar y Huécar, ofrece monumentos emblemáticos como las célebres Casas Colgadas, el vertiginoso Puente de San Pablo, la Torre de Mangana y su monumental Catedral de Santa María y San Julián. Esta aplicación móvil rinde homenaje a la geografía y al humor conquense conectando a los usuarios con la ubicación exacta de la ciudad mediante tecnología de vanguardia.