El idioma español atesora un vasto repertorio de modismos y locuciones adverbiales vinculadas a la geografía peninsular. Expresiones como «irse por los cerros de Úbeda», «estar en Babia» o «quedarse como el gallo de Morón» forman parte del patrimonio inmaterial hispánico y conservan ecos de episodios militares, históricos o costumbristas. Sin embargo, pocas frases despiertan tanta complicidad y curiosidad como «poner mirando pa' Cuenca». Detrás de su empleo coloquial y humorístico contemporáneo se entrelazan crónicas palaciegas del siglo XVI, debates etimológicos sobre la España de las tres culturas y la singular orografía de una ciudad Patrimonio de la Humanidad.
La explicación más difundida en la historiografía divulgativa y en la tradición oral castellana sitúa el nacimiento de la expresión en la primavera del año 1502. Tras el fallecimiento de los infantes don Juan y doña Isabel, la sucesión de las coronas de Castilla y Aragón recayó en la archiduquesa Juana de Trastámara (posteriormente conocida como Juana I de Castilla) y su esposo, Felipe de Habsburgo, duque de Borgoña y apodado «el Hermoso».
En mayo de 1502, los jóvenes príncipes hicieron su entrada solemne en la ciudad imperial de Toledo para ser jurados como herederos legítimos ante las Cortes de Castilla reunidas en la Catedral Primada. El choque cultural entre el austero protocolo castellano de los Reyes Católicos y el fastuoso séquito flamenco que acompañaba a don Felipe no tardó en hacerse evidente. Los cronistas de la época describen al archiduque como un joven carismático, aficionado a la música, los torneos y los galanteos cortesanos, cuya falta de discreción provocaba constantes desavenencias conyugales con doña Juana.
Según recoge la leyenda palaciega, las damas de compañía de la corte permanecían bajo la estrecha supervisión de la princesa y de las dueñas de palacio en el Alcázar toledano. Para sortear esta vigilancia sin despertar sospechas oficiales, Felipe de Habsburgo mandó acondicionar una estancia elevada en uno de los torreones del recinto fortificado, dotándola de cartas náuticas, astrolabios e instrumentos de observación geográfica propios del auge científico del Renacimiento.
El pretexto formal para invitar en privado a determinadas damas de la nobleza local o flamenca a subir hasta el mirador consistía en mostrarles la disposición geográfica de las ciudades del Reino de Castilla desde las alturas. Desde la colina de Toledo (situada a 529 metros de altitud), la ciudad de Cuenca se localiza exactamente a 145,2 kilómetros en dirección este-noreste (azimut de 78,2°). Aunque la curvatura terrestre y las sierras intermedias impiden divisar físicamente el caserío conquense desde Toledo, el príncipe invitaba a sus acompañantes a inclinarse sobre el alféizar del ventanal apuntando hacia el horizonte conquense, momento en que aprovechaba la postura para consumar sus encuentros furtivos.
Más allá de la anécdota renacentista de Felipe el Hermoso, los filólogos e historiadores del folclore español han explorado raíces más antiguas vinculadas a la Edad Media peninsular y a la convivencia y confrontación entre cristianos y musulmanes:
El fenómeno lingüístico de asociar una coordenada urbana con una expresión picaresca no es exclusivo de Castilla-La Mancha. En diversas comarcas de Andalucía occidental (especialmente en las provincias de Cádiz y Sevilla) convive desde hace siglos la variante hermana «poner mirando pa' Rota», en alusión a la villa costera gaditana. Del mismo modo, en otras regiones peninsulares han existido giros locales como «mirando pa' Antequera» o «mirando pa' Coria». Sin embargo, la sonoridad rotunda del topónimo «Cuenca» y su posición central en el mapa español hicieron que la variante conquense se impusiera en todo el ámbito hispanohablante durante el siglo XX.
Lejos de incomodarse por la fama del dicho popular, la ciudad de Cuenca ha sabido integrar esta referencia cultural con sentido del humor y orgullo patrimonial. Declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 1996, Cuenca constituye un ejemplo excepcional de ciudad medieval fortificada que ha conservado intacto su paisaje urbano original mimetizado con el entorno natural.
Sus célebres Casas Colgadas del siglo XV, asomadas al vacío sobre los farallones calizos de la hoz del Huécar, la primera gran catedral gótica de Castilla y su red de museos de vanguardia (como el Museo de Arte Abstracto Español fundado por Fernando Zóbel o la Fundación Antonio Pérez) convierten a la capital conquense en un destino cultural de primer orden. Nuestra herramienta de Realidad Aumentada une esta tradición lingüística centenaria con la geodesia moderna para que cualquier persona pueda descubrir, con precisión milimétrica, hacia dónde debe girar para mirar realmente hacia Cuenca.